Encinas Reales

Encinas Reales es una localidad de la provincia de Córdoba que nació como tal en 1836, cuando se emancipó de Lucena. No obstante, sus orígenes podemos verlos en el siglo XVII y los restos romanos hallados en el conjunto de Las Mersillas, atestiguan su vetusto pasado.

De este modo, las casas comenzaron a aglutinarse en su actual enclave a principios del siglo XVII, siendo los agricultores lucentinos que venían a trabajar las tierras de los Duques de Medinaceli, los primeros moradores de las mismas.

En estos parajes hubo encinas antiguamente, de ahí el nombre de la villa, aunque cabe destacar que el primitivo fue Encinas Ralas dándonos a entender este calificativo que estos arbustos se encontraban dispersos, motivo que haya su justificación si tenemos en cuenta el enclave que ocupa, ya que se encuentra situada en un espacio que fue víctima de las guerras entre cristianos y musulmanes, cuyas muestras de devastación consistieron en la tala y quema de elementos vegetales, manifestadores de vida.

Con el tiempo, el adjetivo fue metamorfoseándose hasta convertirse en el Reales actual, que dota al municipio de mayor alcurnia y poder, sobre todo si se relaciona con la leyenda que narra que la Reina Isabel La Católica, descansó a la sombra de unas grandes encinas que en el lugar había.

El término municipal de Encinas Reales cuenta con una aldea situada a 5,6 km de este que recibe el nombre de Vadofresno. La misma, se caracteriza por ser un auténtico remanso de paz que ofrece al visitante, unas maravillosas vistas al tiempo que, le permite respirar el aire puro que emana de los fresnos, tarajes y las atildadas aguas del rio Genil.
De entre las tradicionales y castizas casas encaladas que acogen un total de 106 habitantes, destaca una lustrosa ermita consagrada en honor de la Virgen de Belén, Patrona de esta aldehuela, que fuese construida en 1705 por el X Duque de Medinaceli.

Patrimonio Histórico:

Parroquia de Nuestra Señora de la Expectación. La construcción de este templo se inició en 1801 a instancia de los duques de Medinaceli y las obras, que estuvieron a cargo del arquitecto lucentino Andrés Cordón, terminaron en 1814. Se trata de un templo neoclásico, con planta de cruz latina. Está constituido por tres naves. Las laterales cubiertas por cuatro pequeñas cúpulas elípticas, mientras que la nave central presenta una bóveda de cañón y lunetos, culminada con una grandiosa cúpula semiesférica sin tambor, dispuesta sobre el crucero.

Ermita El Calvario, Joya del Barroco Cordobés, considerada una de las mejores iglesias barrocas de la zona y conocida popularmente como «El Calvario», fue declarada como Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento en el año 2005. La reconstrucción del templo fue iniciada por Cristóbal de Santa Catalina.

Pese a que la construcción culminó en 1729, el edifico no adquirió su configuración actual hasta principios del siglo XIX.

Se puede apreciar en todo el templo una clara huella lucentina, debido a la intervención del arquitecto Leonardo Antonio de Castro. Así, siguiendo las pautas del Barroco lucentino, el templo presenta un acusado contraste entre su imagen exterior, compuesta con gran sencillez a base de mampostería y ladrillo, y su interior, decorado siguiendo todo un despliegue de ornamentación propia del estilo Barroco.

Se dispone con planta de cruz latina y cabecera plana con amplio camarín, mientras que el crucero se cubre con cúpula semiesférica sobre pechinas, de rica decoración de yeserías.
Atribuido a Francisco José Guerrero, el majestuoso retablo mayor es de madera dorada sobre fondo verde y presenta una decoración que es propia del tercer tercio del siglo XVIII, pudiendo fecharse hacia 1770. Además, el retablo alberga la imagen del Patrón Ntro. Padre Jesús de las Penas, Ecce homo realizado en pasta de papel en 1664.

En pleno corazón de Encinas Reales, se alza regia una Casa Museo o Palacete, que sin duda alguna destaca entre la arquitectura popular del municipio. La misma, de carácter privado, pertenece a Don Rafael Doblas, anticuario y coleccionista que ha aglutinado en el interior de la misma, una amplia amalgama de las más suculentas y valiosas manifestaciones artísticas, como fruto de treinta y siete años de coleccionismo.
La más que conocida amabilidad de su propietario, deja embelesado al visitante, que jamás espera encontrar tal cantidad de obras de gran valía en un municipio de tan reducidas dimensiones.

Naturaleza:

El manto verde de los olivares de Encinas Reales, confiere al entorno del municipio unos tintes casi paradisiacos, que permiten al visitante evadirse en cómodos paseos que le posibilitarán vivir una experiencia única. Y es que no se puede visitar Encinas Reales sin disfrutar de su naturaleza y entorno.

El mar de olivos que circunda el término municipal está bañado por dos ríos, el Genil y el Anzur, este último, afluente del primero. Ambos están ligados indisolublemente con la vida de los habitantes del pueblo. Prueba de ello son los maravillosos enclaves construidos junto a estas fuentes de agua naturales. tales como el Tajo de Mariano, Tajo del Basto o el tajo del Chirrín.

Además de los olivos, un compendio de rosales, adelfas, álamos blancos, encinas, tarajes, fresnos y zarzales, fundirán su movimiento con el sonido de los ruiseñores, las primillas, y las tórtolas, amenizando así, el paseo del visitante.

Gastronomía:

Encinas Reales, cuenta en su gastronomía con una característica y peculiar bebida cuya receta se guarda con recelo, aunque sin duda se conocen los ingredientes principales de la misma. El Rosoli es un licor de café y aguardiente que se convierte en el trago perfecto para una sobremesa, sobre todo si se trata de Navidad o Semana Santa ya que es en estas festividades con las que mayor vínculo presenta.

La torta de aceite es otro de los bocados que no puede evitar probar el visitante amante del dulce. Una torta hecha con masa, rellena de chocolate y con cobertura de azúcar que se torna en deleite pleno para los sentidos.

Por último, pero no menos importante, Encinas Reales cuenta con un oro líquido, que desde siempre lo ha caracterizado como un lugar de referencia en lo que al mundo del aceite se refiere. Una buena hogaza de pan artesanal, fundida con este ambarino líquido, harán a quien nos visita, rendirse a los encantos de nuestra gastronomía popular.

Fiestas tradicionales:

La Semana Santa de Encinas Reales es una de las fiestas tradicionales que mejor definen su idiosincrasia y forma de ser. Esta festividad religiosa cobra sentido gracias a las cinco cofradías que la integran. La Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Penas, Hermandad de San Juan Evangelista, Hermandad de la Virgen de los Dolores, Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Venerable y Muy Noble Cofradía del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad.

Pese a ser una semana corta, en tanto que los desfiles procesionales comienzan el Jueves Santo por la noche, la intensidad con la que se vive el resto de la semana, con los preparativos y todo un repertorio de actos de carácter religioso, cofrade y cultural, la sitúa como un exponente referencial que el visitante no puede ignorar conocer.

El último fin de semana de septiembre, casi cuando todos los pueblos de la comarca han vivido sus días de fiesta, Encinas Reales se tiñe de luz y color para celebrar su feria y fiestas patronales en honor de su Patrón Nuestro Padre Jesús de las Penas. Los actos cultuales se mezclan con los de carácter lúdico y cultural, ofreciendo un amplio y meditado programa que garantiza el disfrute de quien nos visita cuando culmina septiembre.
La presentación de las damas, el pregón, la ofrenda de flores, la función solemne, la procesión y otro sin fin de actividades, son algunos ejemplos de este sinónimo perfecto de la palabra placer que supone la feria de este municipio.

Si por algo destaca este pueblo es por la amplia oferta cultural que se desarrolla a lo largo del año, de entre cuyas actividades tenemos que destacar una que lo convierte en referente turístico de la comarca, cuando agoniza el mes de agosto.
La Noche Encandilada de Encinas Reales se ve avalada por las siete ediciones consecutivas de su historia, en las que ha llegado a registrar hasta las 5000 visitas por año.
Una noche destinada a la magia y la fantasía, en la que no hay lugar para el alumbrado eléctrico, que se ve sustituido por una infinidad de velas, candiles y antorchas, que crean un escenario perfecto para el sinfín de representaciones y espectáculos que se desarrollan en la franja horaria en que el pueblo se entrega y funde con la luz de las llamas.

"Para Promocionar y Difundir"

el Patrimonio Cultural de los Municipios de la Provincia de Córdoba.