El director, Ángel Luis Martín, dice que «son las primeras que comienzan a trabajar y, hasta que no cae el telón, no acaban» Las voluntarias del taller de costura realizan una labor imprescindible en la obra
Entre las costureras de Fuenteovejuna se encuentra Amparo Hidalgo, que el pasado día 4 cumplió 85 años y que ha colaborado en todas las representaciones anteriores, «porque es mi pueblo y no va a venir gente de fuera a hacernos los vestidos, tenemos que venir nosotras, como mellarienses que somos», explica. «Mientras pueda, seguiré haciéndolo».
Con 73 años, Carmen Ruiz se ha incorporado por primera vez a este taller, porque, dice, «no me había enterado de que existía, pensé que este trabajo lo hacían fuera». «Estoy aquí porque mi sobrina vino a mi casa y, al ver que estaba muy triste, me apuntó y ahora salgo todos los días, paso unas horas felices».
Maribel Cárdenas fue una de las primeras voluntarias que empezó a trabajar en el taller junto a Loli Alejandre. Comenzaron a buscar las telas más adecuadas para los distintos trajes, hace ya dos meses. Ahora cosen de lunes a viernes, de 18 a 21 horas. Para estas mujeres «no hay nada complicado, porque contamos con unas compañeras perfectas». «Lo más difícil a la hora de vestir son los personajes principales, porque hay que cambiarlos más veces. Solamente la protagonista, Laurencia, tiene cuatro cambios», señala Maribel.
La alcaldesa, Silvia Mellado Ruiz, ha visitado al grupo, reconociendo «la labor que están haciendo, al dedicar tantas horas del día a colaborar con este gran evento que es Fuenteovejuna», en el que participan más de 300 actores. Y es que ya solo quedan dos meses para la representaicón y hay que trabajar duro.
