El convento de Santa Clara de Montilla precisa de la colaboración de instituciones públicas y de entidades privadas para tratar de preservar el enorme patrimonio histórico y artístico que atesora
Preservar el convento de Santa Clara de Montilla. Ese es el objetivo que mantiene desde hace más de dos décadas la comunidad de hermanas clarisas franciscanas que habita este imponente monasterio, declarado Monumento histórico-artístico en 1981 y Bien de Interés Cultural (BIC) según la Ley de Patrimonio Histórico Español y que, con sus más de 6.000 metros cuadrados, representa el principal conjunto conventual de la provincia de Córdoba, junto con el de Santa Clara de la Columna de Belalcázar.
Los esfuerzos realizados por varias Administraciones públicas –y, en especial, por la Consejería de Cultura de la Junta, con Carmen Calvo al frente–, que acometieron obras de reforma por valor de más de 800.000 euros–, no han resultado suficientes para terminar de consolidar un edificio que fue mandado construir por el primer marqués de Priego en 1512, siguiendo el proyecto de edificación del arquitecto cordobés Hernán Ruiz.
«El convento no es nuestro: es un legado que se nos dejó a la congregación para conservarlo y, en el día de mañana, mostrárselo a los montillanos», reitera la abadesa del convento, María Jesús Blanco, que convive con otras once religiosas en este cenobio que atesora importantes obras de arte, así como una colección de reliquias pasionistas de lo más interesante.
Para alcanzar este propósito, el pasado año se constituyó en Montilla la asociación cultural de Amigos de Santa Clara que, desde entonces, viene promoviendo actividades culturales y divulgativas con el objetivo de recaudar fondos para la conservación del cenobio que, ya en 1932, sufrió los estragos que causó en las cubiertas del monasterio un devastador terremoto con epicentro en la localidad almeriense de Vícar.
A partir de la pasada década de los noventa, diversas actuaciones financiadas por el Ayuntamiento de Montilla, por la Diputación, por la Junta de Andalucía y por el Gobierno central han permitido restaurar las dependencias que se encontraban en peor estado y devolver el esplendor a algunas de sus estancias más emblemáticas.
